Vía de trabajo

El alimento está presente cada día de nuestra vida. Qué compramos, dónde, cuándo, cómo lo cocinamos o cómo nos lo comemos, son cuestiones cotidianas. Pero ¿realmente sabemos qué comemos? A parte de la composición de los alimentos —tan compleja en los procesados y ultraprocesados—, hay más cuestiones en juego, como, por ejemplo, dónde y cómo se producen los alimentos, qué impacto tienen en el medio ambiente y qué efectos en nuestro organismo o si realmente importa cómo cocinamos o cuando comemos?

La alimentación como herramienta fundamental para mantener y recuperar la salud

Mi vía de trabajo se centra en el punto de encuentro entre diferentes disciplinas que entienden la alimentación como una herramienta fundamental para mantener y recuperar la salud: la Nutrición, la Naturopatía y la Medicina Tradicional China. Los puntos de encuentro entre ellas permiten una escucha más amplia y una interpretación más profunda de los síntomas y desequilibrios de nuestro organismo. 

Me inspiro también en el concepto original de dieta, que proviene del griego diaita: régimen de vida. Esta mirada observa a la persona como conjunto y su relación —su equilibrio dinámico— con el entorno. Son muchas las tradiciones que entendían que alimentarse es tan esencial como dormir bien, respirar, moverse o atender el estado emocional.

Tomar conciencia de lo que pasa dentro nuestro a menudo requiere tiempo. Estamos más acostumbrados a ignorar que a escuchar. Muchas veces no prestamos atención a cómo respiramos, qué postura tenemos, cómo comemos o cómo nos movemos… hasta que algo nos duele o aparece otro síntoma. Necesitamos tiempo y silencio para conectar con la música del cuerpo y empezar a responsabilizarnos de nuestro bienestar.

Más que ninguna otra especie, los humanos tenemos la capacidad y la oportunidad de comer sin hambre y beber sin sed, con la consecuente afectación a nuestra salud y la del planeta que habitamos. En nuestra sociedad occidental, por múltiples razones, es habitual el exceso, de comida, de medicamentos, etc. con las consecuencias que ello conlleva. Pero también hay carencias. No es difícil encontrar personas que comen mucho, con poca variedad de alimentos, sufriendo carencias nutricionales.

Cómo Nutricionista Naturópata procuro abrir el concepto de salud para acompañar en cualquier tipo de dolencia o malestar. Parto de la certeza de que la alimentación es una puerta de entrada al cuidado de la salud, a la posibilidad de escuchar lo que nos dice el cuerpo y tomar la responsabilidad de lo que nos pasa.

El cuerpo sabe lo que necesita. Nosotros, no siempre.

Los nutrientes esenciales sólo entran en el cuerpo a través de la comida. No hay sustituto. Cuando las carencias se mantienen en el tiempo, el organismo desarrolla patologías. En nuestras latitudes, sin embargo, el problema más frecuente no es la escasez: es el exceso. Las enfermedades cardiovasculares, la resistencia a la insulina o la inflamación crónica están directamente relacionadas con el estilo de vida, y la alimentación es un pilar central.

Pero no es sólo qué comemos. Es cuando comemos, cómo comemos y qué relato construimos alrededor de la comida. Una relación con la comida donde el placer coexiste con la conciencia de lo que el cuerpo necesita es fisiológica y psicológicamente diferente de una relación donde el placer es el único criterio.

La comida puede fortalecer o debilitar el organismo. Depende de su calidad y de cómo te relacionas.

No se trata de hacer ejercicio para estar en forma. Es necesario estar en forma para hacer ejercicio.

El ejercicio adecuado al momento y al estado de cada persona es un factor determinante de salud. No hay que agotarse: una intensidad excesiva o mal distribuida puede ser contraproducente. Lo que cuenta es que el desgaste que genera sea compatible con la recuperación, que el organismo se adapte y salga fortalecido.

La combinación de ejercicio aeróbico (caminar con intención cuenta), trabajo de fuerza y trabajo de flexibilidad, con atención a la postura y la respiración, es lo que permite sacarle un provecho saludable y reducir el riesgo de lesiones. 

El ejercicio correcto para ti depende de dónde estás ahora, no de dónde querrías ser. El punto de partida es siempre el estado presente.

Respiras 20.000 veces al día. ¿Cuántas de manera consciente?

La respiración no es sólo intercambio de gases. Requiere el compromiso activo de la musculatura, diafragma, intercostales, abdominales… e implica el sistema óseo. Cuando esta musculatura no trabaja lo suficiente, la respiración se vuelve superficial y sus funciones se ven comprometidas. El diafragma conecta la parte alta y baja del tronco y en cada ciclo estimula mecánicamente la oxigenación de la sangre, la circulación linfática y la motilidad de los órganos digestivos.

Respirar conscientemente es también una vía directa al sistema nervioso: según como respiras, la activas o el calmas. En una sociedad que vive permanentemente fuera de sí, volver al aquí y ahora a través de la respiración no es un ejercicio de espiritualidad líquida contemporánea, es una corrección fisiológica. 

La respiración puede ser mucho más que una función que nos permite vivir. Es un pilar central en el camino hacia una buena salud.

El sueño no es pasivo. Dormir bien es también un aprendizaje.

Durante el sueño profundo, el organismo repara tejidos, consolida la memoria y reduce la inflamación acumulada durante el día. El sueño también regula el ritmo del cortisol: las últimas fases preparan el pico matinal que da energía para arrancar.

El mejor indicador que has dormido lo suficiente no es el número de horas: es despertar con energía real, no cansado o con la inercia de quien necesita cafeína para funcionar. 

La calidad del sueño también depende de lo que comes, de cuándo comes y de cómo regulas el estrés. Todo forma parte del mismo sistema.